¿Por qué a las mujeres no nos gusta el porno?

Pues aunque no soy una experta, algo de porno sí que he visto, como casi todo adulto. Como le dije a uno de mis tertulianos en Twitter, este fenómeno tiene una serie de elementos que me disgustan sobremanera como persona. Como mujer esos elementos me parecen incluso peligrosos para mi seguridad y mi salud reproductiva y sexual. Desde mi punto de vista, un niño, cuya primera y única aproximación a la sexualidad sea el porno, tendrá dificultades en entender y satisfacer a su pareja, especialmente si es una mujer. Y, por ende, se frustrará y tendrá una vida sexual de calidad mejorable.

Voy a intentar hacer un listado más o menos objetivo con las características que hacen que no tenga interés en “alegrar” mi vida sexual con este género fílmico. Bien aquí va:

Despersonalización, cosificación

La profundidad de los personajes es de insignificante a nula, las películas se limitan a los impulsos y actos sexuales. Se prescinde de todos los demás aspectos humanos. Los tíos suelen ser más bien feos y duros: un cuerpo pegado a un gran pene (eso sí, un viril cuerpo musculoso). Tan pobre encanto tampoco ayuda especialmente a “entonar” a las espectadoras femeninas. Son personajes tan duros, que apenas parecen disfrutar del sexo. Según parece, hacen lo que hacen por “consolar” a su(s) pareja(s). Dan la impresión de tener eyaculaciones desprovistas de orgasmos. Según la bibliografía especializada en sexología es algo posible, y estoy segura que los actores del género dominan la técnica, no se les ve disfrutar ni un pelín.

Las mujeres son representadas aún más desprovistas de familias, profesiones, personalidad, ambiciones o aficiones que los hombres. Eso sí, son guapísimas, dulces, complacientes y tienen orgasmos infinitos. No digo que sean poliorgásmicas, no. Lo que digo es que parece que sus orgasmos duran lo que dura el coito ¡Un orgasmo dura unos segundos, no veinte minutos! Por eso se llama clímax. Si tu pareja te dice eso, o no hay sentido nuca uno de verdad, o te está engañando para que te sientas una estrella porno. Créeme.

La idealización erótica de la mujer y el hombre según los tópicos falsos, me lleva a lo siguiente: el rol de género.

Rol de género

Hombres y mujeres actúan según tópicos sociales que no se corresponden con la complejidad de las personas reales y confinan a las mujeres a un ámbito de dormitorio, meramente doméstico-sexual, típico de una estructura social machista: guapa, sensual, sumisa, complaciente y dominada por ineludible necesidad vital de que un pene derrame su semen sobre ella. A veces llega a parecer un rito religioso de una secta (que los antropólogos llaman patriarcado).

Creerse los roles planteados en el porno es garantía segura de fracaso de la vida sexual tanto de las mujeres, como de los hombres. Estoy segura.

Genitalidad

Las interacciones sexuales se reducen básicamente a contactos genitales. Se omite de manera deliberada toda sensualidad asociándola, cuando aparece, a debilidad. Así que, en vez de caricias, lo que se ve son estrujamientos, golpes, rozamientos y empellones. Y en los estrictos límites de los genitales ¿Los actores y actrices porno cobran más por dejarse acariciar la nuca, las caderas o la parte trasera de los muslos?

Increíblemente parece que en el sexo no son importantes las experiencias sensoriales táctiles, visuales u olfativas más allá de la fricción entre penes y vulvas u otros órganos sexuales. Y el tamaño de dichos órganos se identifica con calidad, cuanto más grande, mejor (penes, pechos, traseros…). Lo cual todo el mundo sabe que es falso (porque lo sabe todo el mundo… ¿verdad?)

Dominación

Las relaciones entre las parejas reflejan siempre el mismo patrón enfermizo de dominación, como si en una pareja no pudiera haber un equilibrio igualitario. Sistemáticamente proponen las relaciones como cacerías en las que los hombres deben conquistar a las mujeres en contra de su propia voluntad. Es decir, se transforman en relaciones no consentidas, es decir, forzadas, es decir ¡violaciones!

Tanto es así que la actuación de las actrices no suele reflejar placer en forma de sonrisas, risas o gestos similares sino en forma de quejidos y gemidos lastimeros. Y si es la mujer la que muestra dominancia entonces pasa a ser un personaje perverso y criminal.

Una consecuencia de este tópico es la tendencia a utilizar a modelos infantilizados de mujer, que muestran una necesidad “natural” de ser enseñadas, guiadas y tuteladas. Dominar a una niña es mucho más fácil que a una mujer adulta. Las mentiras y la intimidación funcionan fácilmente por la falta de experiencia y confianza en sí mismas.

Violencia

En el porno que yo he visto, la escenificación de la conquista sexual no se basa en la seducción sino que suele ser acompañada de imposición o intimidación cuando no de violencia verbal y gestual. Sin embargo, las mujeres suelen mostrarse satisfechas tras aceptar una rendición humillante que, aparentemente las hace alcanzar orgasmos de gran intensidad. Es como si el lema fuera “ríndete y disfrutarás”.

Las mujeres tenemos vidas complejas. A veces, demasiado ¿Verdad chicas? Vidas en las que, además de una vida profesional, aspiramos a tener una vida afectiva y sexual placentera. Queremos disfrutar y hacer disfrutar con cada milímetro de nuestra piel, no sólo con los genitales, a una persona que respete nuestras necesidades tanto como nosotras nos preocupamos por las suyas. Así que es natural que rechacemos sentirnos supeditadas a nuestras parejas y a tópicos falsos y, por tanto, rechacemos también este tipo de cultura filmográfica.

El efecto más grave de estas representaciones sistemáticas de tópicos no es que las mujeres seamos poco aficionadas al porno para “ponernos a tono” y prefiramos novela romántico—erótica. Eso no es más que una anécdota. Lo realmente alarmante es que ciertos hombres cuya experiencia se forja con el visionado de este tipo de filmografía confundan conquista con sometimiento, el miedo y sumisión de su pareja sexual con entrega voluntaria, los gemidos de dolor con placer y un “no” con un “sí”.

Pensadlo, es extremadamente peligroso para nosotras que ciertos hombres con poder, pero una educación sexual desviada, crean ver en el vídeo de una violación grupal a una mujer que se lo está pasando bien, que está disfrutando del jolgorio en vez de una víctima.

Esta es mi visión del porno, pero, según parece, mi tertuliano habitante de las profundidades achaca mi juicio a una visión sesgada del género. Debo de haber tenido la mala suerte de ver mal porno. Me dice hay subgéneros en los que el placer y la sexualidad femenina es valorada en su justa medida. Me recomiendan en particular los subgéneros “Girlcum”, “Vixen”, “Female orgasm” o “Tushy”. Así que, como buena científica, voy a evaluar por mí misma la información y os cuento.

¿Tendré que cambiar mi juicio sobre el porno como género?

Sígueme en mis redes sociales y lee mi novela: solidaridad, aventuras, violencia, ingenuidad, valentía, erotismo y lucha de sexos

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