La decisión de terminar con el embarazo es muy difícil, especialmente por la presión e incomprensión social, pero también por el propio impacto en la salud mental de la embarazada. Sin embargo, cuando una mujer ya tiene hijos a su cargo su deber, responsabilidad y compromiso está, y debe estar, con ellos. Un embarazo no es un hijo, y un embrión no es una persona, anteponerlos a la salud física y mental de la mujer, o a la viabilidad de su familia solo demuestra ignorancia, dogmatismo e insensibilidad por el sufrimiento ajeno.







