
Parece que las mujeres que apenas tienen derechos en ciertos países sí que pueden «consentir» prestarse a la prostitución o el concubinato, a modo de matrimonio, con el único derecho a que sea bendecido y legalizado por la religión.
“Ha abusado de mí como ha querido”. Son muchas las voces que denuncian que es una forma de promover la “prostitución y el matrimonio infantil”. Roshanak lleva trabajando desde los 17 años cuidando de personas mayores y limpiando casas. Se casó por primera vez con un hombre con el que no pudo tener hijos. Estuvo 13 años conviviendo con una persona que la maltrataba y la acusaba de infertilidad. “Yo era la que mantenía el hogar”, manifiesta. Hasta que conoció a su “marido” actual, de 84 años, con el que llegó a un acuerdo de matrimonio temporal de tres años. “Le pedí una dote para conseguir divorciarme del anterior”, alega, aunque no ha recibido nada.







Deja un comentario