Impresiones de una científica en un campamento militar

Pues no lo voy a negar, me encantó que todos sabían qué tienen que hacer, cuándo y cómo. Me pareció como un baile ensayado muchas veces antes. Ni siquiera yo, que era novata, distorsionaba el ritmo. Y qué lujo no tener que transportar y plantar mi tienda yo misma. Los científicos no estamos acostumbrados a que nos hagan las cosas. Es una profesión de “sea-lo-que-sea-hágaselo-usted-mismo”.

No siempre ha sido así. Una antigua jefa retirada me contó que, cuando hizo la tesis doctoral en los 70, tenía “laborantes” que le hacían las tareas básicas, incluyendo el fregoteo del material. Al llegar a catedrática se tenía que hacer todo, o pedir a los alumnos de doctorado que lo hicieran. Adivinen quién hace el fregoteo en los laboratorios universitarios actuales: el fregoteo, los pedidos comerciales, los reactivos, la limpieza y mantenimiento de equipos. ¡Ah! Bueno, y además hacen su tesis y dan clases. Esos que dicen que los jóvenes actuales no tienen espíritu de trabajo y sacrificio, tenían que pasarse por cualquier laboratorio científico.

El pueblecito donde hemos acampado no me ha causado tan buena impresión. Salenah, a pesar de tener un tamaño considerable, ni siquiera tenía una calle principal asfaltada y las gallinas campaban a sus anchas. Prácticamente todas las casitas tenían su antena parabólica ¿Curioso, no? No tienen para hacer un baño completo pero sí para ver la tele. La pobreza tiene reglas que nos son extrañas a los que vivimos con algún desahogo. Cuando apenas tienes nada, estar conectado al mundo es de la mayor importancia porque la información es crucial para obtener un puesto de trabajo, para evitar perder lo poco que tienes y para querer a los tuyos que frecuentemente han tenido que emigrar lejos.

A nosotras los militares nos han montado una consulta portátil a la entrada del pueblo. Janan, la matrona con más experiencia, quería ponerla más lejos del campamento. Piensa que los militares espantan a las mujeres. Sin embargo, Marc, el capitán quería que nos mantuviéramos a la vista del centinela del campamento. Fuera lo que fuera lo que pasara con Natascha, estaba preocupado por nuestra seguridad. Yo no lo entendía demasiado bien ¿quién va a querer robar o atacar a un par de matronas y una investigadora científica?

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Los personajes, lugares y hechos de esta narración literaria son ficticios, aunque su parecido con la realidad es posible e incluso probable. Las instituciones reales citadas por su relevancia internacional y prestigio no tienen ninguna responsabilidad ni conocimiento sobre la ficción aquí descrita.

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