La sexualidad femenina en la ficción televisiva: una representación cada vez más feminista

Patricia Carrasco. Comunicadora, escritora y activista feminista

Medio siglo después del estallido de la revolución sexual, que se inició en la década de los 60 y que pilló a la mujer todavía un poco de soslayo, hemos visto en los últimos años una nueva revolución, esta vez sí, de la sexualidad femenina.

Prueba de ello es el éxito de ventas de los juguetes sexuales como los succionadores de clítoris, que en 2018 coparon muchos titulares y sacaron la masturbación femenina del ostracismo, poniéndola en boca de todos y todas.

Esta revolución sexual femenina no es espontánea, sino resultado directo del terreno conquistado por el movimiento feminista, que ha puesto el foco en cuestiones como la salud sexual y reproductiva de la mujer, el autoconocimiento del cuerpo femenino y la ruptura del concepto de la mujer como sujeto sexual pasivo.

Una revolución que se ha visto reflejada y, a la vez, reforzada por la cultura audiovisual. Y es que existe una relación entre la realidad y su representación en la ficción.

Elizabeth Noelle-Newman plantea en su libro La Espiral del Silencio. Opinión pública: nuestra piel social (1977), que la opinión pública es una forma de control social en la que los individuos adaptan su comportamiento a las actitudes o ideas predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no. De esta manera, las opiniones mayoritarias se impondrían y la espiral del silencio acabaría engullendo a las opiniones o conductas minoritarias, quedando estas invisibilizadas y los individuos que las defienden, obligados a migrar su opinión hacia la asumida por la mayoría.

Aquí entra en juego el poder de los medios de comunicación de masas para influir sobre el público, pues se encargan de determinar los temas de debate y las opiniones sobre determinados asuntos públicos, con la capacidad incluso de convertir algunas opiniones en mayoritarias. Es decir, el cine y la ficción televisiva ayudan a conformar el imaginario colectivo. De igual forma que los medios de comunicación deciden, con su agenda, qué es relevante y qué no, la ficción establece patrones de conducta que son un reflejo de la realidad y, a la vez, ayudan a conformarla, reforzando roles o visibilizando realidades.

En otras palabras, lo que no se visibiliza, se margina. Y lo que se margina, desaparece.

Por eso, el gran triunfo de la ficción televisiva en los últimos años es sacar a la luz realidades más diversas y menos normativas, que ya existían en la sociedad pero que se encontraban silenciadas, y ponerlas al alcance del público mainstream, validando estos discursos y, conformando así, una sociedad más diversa y libre.

Así ha ocurrido con la sexualidad femenina, que siempre ha estado o bien oculta, o bien ligada a una sexualidad receptora, a mero objeto de deseo.

En el relato clásico, la mujer se construye a través de dos arquetipos: el de mujer/madre, que representa la virtud y carece de sexualidad alguna, y el de mujer/femme fatale, cuya sexualidad es un aspecto negativo, censurable y fuente de desgracia para los hombres.

A día de hoy, esto ya no es tan así. Es cierto que desde los años 90, la sexualidad femenina se ha colado en la televisión, sobre todo a raíz de la pionera Sexo en Nueva York (HBO, 1998). Sin embargo, esta representación no se adecuaba del todo a la realidad de la mujer. Y el principal problema era lo que Laura Muvley llamó male gaze o mirada masculina, esto es, la representación de los personajes femeninos y su universo desde la perspectiva del hombre.

La irrupción de una mirada femenina, materializada en una cantidad cada vez mayor de mujeres en los procesos creativos y de toma de decisiones (autoras, directoras, guionistas mujeres, realizadoras y productoras) ha hecho posible una representación de la mujer, de su universo y, en especial, de su sexualidad, mucho más profunda, respetuosa y real.

Se ven superados ciertos aspectos ligados a la sexualidad femenina y que la ficción ha perpetuado a lo largo de la historia, como el dolor o la falta de libido.

Ahora la mujer se representa como sujeto activo deseante, que busca su placer, que toma la iniciativa y que experimenta. Un gran ejemplo es la hilarante Fleabag (BBC, 2016).

También se pone el foco en la importancia de la educación sexual y el conocimiento del propio cuerpo, como en Sex Education (Netflix, 2019) o Masters of Sex (Showtime, 2013).

Series que tratan el despertar sexual en las jóvenes, como en Por trece razones (Netflix, 2017), o SKAM (Movistar +, 2018).

Además, la proliferación de personajes LGTB aporta también una nueva perspectiva de la sexualidad femenina, alejada del falocentrismo y los roles de género.

En definitiva, en los últimos años se han roto muchas barreras y se han conseguido importantes hitos, estamos en el camino. Y la ficción tiene que ir más allá en una representación de la sexualidad femenina cada vez más empoderante. Aún quedan horizontes por alcanzar, como la sexualidad de las mujeres maduras, o la de las mujeres trans.

Es muy importante que la ficción sea diversa, igualitaria, feminista y consciente, pues ayudará a apuntalar los cambios que ya se están produciendo en la sociedad.

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