¿Es peligroso que una mujer mantenga la mirada a un desconocido?

Yo siempre había pensado que lo que me pasó en Oryen con el comandante Ridwani fue fruto de la diferencia cultural. Ridwani era el líder de una unidad del ejército oryení que patrullaba por la zona para… En realidad, yo nunca logré saber para qué. Era un hombre de unos cuarenta y tantos, con barriga cervecera e higiene pobre pero capaz de expresarse en inglés.

Era evidente que mantenía un enfrentamiento solapado con Marc, el oficial al mando de la unidad de cascos azules que nos daba cobertura. No se tragaban mutuamente aunque tuvieran que mantener las apariencias. Fue el primer oryení que conocí formalmente y cometí el error de sonreírle y mirarle a los ojos cuando se me presentó. Él tomó el gesto que para mí era simple cortesía por atracción sexual. Disparatado ¿Verdad?

O quizás no tanto. Me han encantado las reflexiones de algunos hombres que he leído en Yo confieso: 17 hombres relatan gestos machistas que aún cometemos a diario | ICON | EL PAÍS. Especialmente la de David Moya (responsable de comunicación, 25 años). La reproduzco aquí abajo para que veáis el tono del artículo. Es verdad, hasta que no lo has sentido, no sabes lo que es.

“Antes era incapaz de entender que por una simple mirada una mujer podía sentirse incómoda o acosada. Sin embargo, me abrió lo ojos algo que me pasó un día en el gimnasio. Allí otro chico no dejaba de mirarme de una forma bastante ansiosa y me preguntó si me iba a la ducha con él. Es triste, pero hasta que no sentí en mis propias carnes eso no fui capaz de entender lo que una mirada podía provocar. Yo creo que nunca he lanzado miradas con esa intención, pero recuerdo que antes de ser consciente del machismo en el que nos educamos estaba en fase de negación y una amiga me dijo: ‘¿Crees que las mujeres no nos sentimos inferiores por el simple hecho de serlo? Ve caminando por la calle y mira a los ojos a todos los hombres con los que te cruces y la mayoría te aguantarán la mirada, incluso muchos lo harán de forma desafiante. Haz lo mismo con las mujeres y la mayoría agachará la cabeza’. Lo hice, y así fue”.

Gracias David, y gracias a tu amiga, por su genial sugerencia. A mí jamás se me habría ocurrido. Yo nunca he sido capaz de mantener la mirada a los hombres. Con las mujeres siempre ha sido diferente, nunca me he sentido tan cohibida. Siempre me había considerado tímida y mojigata pero he dado cuenta de que quizás no era tanto timidez como un comportamiento de autodefensa aprendido de manera inconsciente. Tendría que haberlo sabido cuando sufrí las miradas de aquel baboso malnacido, porque no eran mojigaterías mías, aquellas miradas me tenían que haber servido de aviso de lo que pasó después.

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Los personajes, lugares y hechos de esta narración literaria son ficticios, aunque su parecido con la realidad es posible e incluso probable. Las instituciones reales citadas por su relevancia internacional y prestigio no tienen ninguna responsabilidad ni conocimiento sobre la ficción aquí descrita

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