Odio tener que “estar asignada” a un hombre para prevenir el acoso sexual ¡Quiero ser libre!

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No sé si te ha pasado alguna vez que un tío te ha acosado hasta que ha visto que te acercabas con familiaridad a otro hombre. Quizás, incluso has tenido que pedir a un amigo que te haga de “escudo” para evitar que los pesados que quieren ligar contigo se pasen de la raya ¿Os suena el tema chicas?

Al capitán de mi escolta de cascos azules, Marc, le salió espontáneamente ese gesto protector cuando vio cómo el comandante de las fuerzas locales, Ridwani, me comía con los ojos mientras me retenía lujurioso la mano que yo le había ofrecido como gesto de cortesía común. Marc me pasó el brazo por los hombros con posesividad mientras me besaba la coronilla en un gesto de clara familiaridad ¿Y qué hice yo? Pues instintivamente me refugié en su axila y acepté su gesto.

Luego me sentí rara porque, aunque Ridwani me hubiera acobardado y yo agradeciera que él saliera en mi ayuda ¿No podía haber cortado las miradas libidinosas y el manoseo de aquel baboso simplemente pidiéndole respeto por una colaboradora de la ONU? De hecho se lo pregunté y me dio una explicación aplicada a la cultura oryení.

Su justificación fue que en Oryen las mujeres no eran independientes como en Europa. Siempre estaban respaldadas por un padre, un hermano o un marido que se hacía cargo de ellas y su seguridad. Según su explicación de la cultura local, cuando un hombre oryení piensa que una mujer está sola, se cree automáticamente con el derecho de “velar” por ella. Así que, el hecho de que el comandante Ridwani supiera que él tenía un interés personal en mí, me protegía de posibles acercamientos indeseables. En realidad, por muy independientes que digan que somos las mujeres en Europa, esta explicación vale para cualquier sitio del mundo, incluido mi barrio de Usera.

El hecho de que el señor capitán respondiese a mi ideal erótico y me gustara como a una tonta una tiza, no me ayudó demasiado a racionalizar mi desacuerdo con su forma de proceder. Ahora sé que, aunque cortés, fue netamente machista y paternalista. Una feminista de las académicas hablaría de comportamiento patriarcal, yo prefiero decir que es uno de esos micromachismos tan difíciles de entender por los hombres (y muchas mujeres) porque nacen de la caballerosidad y la buena voluntad.

Su labor era protegerme, y él mismo había reconocido que había habido agresiones sexuales contra cooperantes y trabajadoras de la ONU. Cumplió al dedillo su deber militar al intervenir aunque yo no respondiera a un comportamiento inadecuado hacia mi persona. Pero ¿No bastaba con dejarle claro mi estatus profesional a este individuo? Yo no estaba allí de vacaciones ni turismo, sino trabajando ¿Por qué inventarse una relación de carácter sexual en vez de remarcar el conflicto institucional que generaría un comportamiento irrespetuoso?

Te regalo mi novela si donas una pequeña cantidad al programa contra la mutilación genital de Médicos del Mundo a través de Migranodearena, una plataforma sin ánimo de lucro donde podrás utilizar tarjeta o Paypal de manera segura. Los donativos son transferidos directamente a final de mes a la ONG sin pasar por mis manos. Con 5 o 10 € bastarán ¡Es muy poco! Luego dime qué episodios de mi aventuras quieres del Acto 1. Mutilación, matrimonio y otras guerras, y te lo mandaré en unos días. Y si no, al menos, difunde mis denuncias y mi petición en las redes sociales.

Los personajes, lugares y hechos de esta narración literaria son ficticios, aunque su parecido con la realidad es posible e incluso probable. Las instituciones reales citadas por su relevancia internacional y prestigio no tienen ninguna responsabilidad ni conocimiento sobre la ficción aquí descrita

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