La joven matrona Ruwa, el futuro de la profesión

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El país del mundo con más musulmanes es Indonesia, y de allí venía Ruwa Harap, mi otra compañera matrona. Era mucho más joven que Janan, aparentaba 18 o 19 años, pero seguro que tenía más. Los estudios para llegar a ser una matrona diplomada con suficiente experiencia como para que la ONU esté dispuesta a contratarte son largos y profundos. Seguro que tenía 23 ó 24, pero las indonesias tienen una fisonomía y unos rasgos tan finos y delicados que parecen mucho más jóvenes.

Además de ser muy tímida, no manejaba el inglés muy bien, así que nuestra comunicación fue bastante pobre. Sin embargo, siempre tenía una sonrisa en la cara y las pocas palabras que articulaba eran claras y directas. Me daba la impresión de que había decidido dedicar plenamente su vida a la atención de la salud de las mujeres y sus retoños y lo hacía con dedicación, interés y muuuuucho amor.

La puñetera se reía de mí cada vez que yo me quedaba alelada con el capitán “ojos azules” ¡En mi cara! Pero ¿Cómo se lo iba a recriminar? Hasta eso lo hacía con dulzura. No sé qué tipo de experiencias había tenido con los hombres hasta entonces. Por lo poco que dijo, no parecía muy partidaria del matrimonio. Pero lo que le tocó pasar conmigo, desde luego fue para no… No. No te cuento más. Dona y lee mi historia.

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