Cómo hacer que una mujer tenga un orgasmo… o varios. ¿Lecciones de la pornografía?

Hoy, 4 de septiembre, es el día internacional de la salud sexual. Este año se dedica al placer, no puedo pensar en una causa mejor. Entre mis objetivos principales en Pozos de pasión está contribuir a que las personas obtengan un poquito más de placer del sexo.

Si ya has leído alguno de mis libros sabrás que todos contienen sexo bastante explícito. No todo en el mundo van a ser obligaciones y tristezas ¿Verdad? En mi primer libro Pozos de pasión describo con bastante transparencia cómo hacer que una mujer llegue al clímax a través de su zona más íntima y secreta. ¡Ay, que me suben los calores de solo recordarlo!

Todas las mujeres nacemos con un órgano muy especial diseñado por la naturaleza para proporcionarnos el mayor, y más saludable, de los placeres: el orgasmo. Los orgasmos fortalecen el suelo pélvico y mejoran la circulación sanguínea en todo el aparato genital y urinario.

¿Sabes cuál es ese milagro de la naturaleza? Los hombres no tienen ningún órgano parecido. Su pene está diseñado para varias funciones muy conocidas por todos: orinar, introducirse en la vagina y eyacular el fértil semen. El orgasmo esta asociado a esta última función; por desgracia para ellos, sin eyaculación, no hay placer.

Las mujeres nacemos con un órgano secreto que nos proporciona orgasmos sin riesgo, ni necesidad, de intercambiar fluidos ni terminar en un embarazo ¿Cómo? ¿Que no lo sabías? ¿Nunca te habían dicho que en las mujeres el placer sexual no está vinculado a la reproducción? Pues no, ni si siquiera al coito…

De hecho, el coito en sí no genera grandes dosis de placer. La vagina es un tubo elástico diseñado para dar a luz, no para dar placer. La búsqueda de ese mítico «punto G» por parte de sexólogos y anatomistas ha sido decepcionante. Hemos tenido que llegar las mujeres a la Ciencia para poner el foco en algo importante.

Apenas hay un puñado de terminaciones nerviosas en la vagina. Nada que ver con las 4000 terminaciones sensitivas que generan placer al pene masculino durante las caricias o la penetración. ¿Te sorprende? ¿Tenías el convencimiento de que la vagina era una fuente natural de placer? Vaya, pues eso es que alguien te había informado mal o quizás…

¿Ves porno? Si has aprendido mucho de lo que sabes del sexo por esos vídeos, entonces es entendible. Si eres una mujer joven, quizás te habías hecho ilusiones sobre el placer que te iba a proporcionar sentir una penetración ¿Te has sentido defraudada? Si es así, bienvenida al club.

Lo cierto es que, en los estudios sexológicos, apenas entre un 30% y un 40% de las mujeres dicen llegar al orgasmo en el coito, mientras que casi todos los hombres confirman que sí. Ellos sí llegan. Esto te suena ¿Verdad? Y si no, pues ya lo sabes, se llama la «brecha orgásmica», otra más de las brechas de género. Y luego están los mitos de las mujeres frígidas, de lo que nos altera el estrés, de los ciclos hormonales, bla, bla, bla…

Y todo por no hacer caso de la Biología; si en la vagina apenas hay terminaciones nerviosas ¿Cómo va a generar placer? Ni somos frígidas, ni estamos estresadas, ni las hormonas impiden que lleguemos al orgasmo ¡Es la naturaleza! Y es bien razonable, si la vagina fuese muy sensible ¿Quién sobreviviría al dolor de un parto? Las mujeres moriríamos del shock.

Así que, por causa de su función en el parto, la vagina solo tiene algo de sensibilidad en su tercio inferior, en la entrada. Y sí, eso da gustito. Las caricias, o que alguien juguetee con la puntita en la puerta de la vagina está muy, pero que muy bien. Pruébalo, ya verás. Da igual lo largo que sea un pene, para dar placer a una mujer tiene que ser juguetón.

Entonces, si la vagina no genera suficientes sensaciones como para alcanzar el orgasmo ¿Cómo reducir esa brecha orgásmica? ¿Cómo logramos las mujeres alcanzar el clímax con tanta frecuencia como los hombres en nuestras relaciones sexuales? Pues muy fácil, con algo más de Biología. Buscando, acariciando, mimando y estimulando el órgano que la naturaleza ha diseñado para el placer sexual en las mujeres.

A estas alturas seguro que ya sabes cómo se llama ese órgano ¿O es que en los vídeos porno no lo dicen? Bueno, es que hablar, hablan poco, y explicar, menos. Con jadear parece que lo dejan todo dicho. Pero es que cualquier mujer que vea porno sabe que las actrices actúan y su parecido con la realidad es mera coincidencia. Solo los faltos de experiencias satisfactorias se lo tragan.

Siempre se ha dicho que las mujeres teníamos un botoncito del placer justo donde empiezan los pliegues denominados labios menores. Es verdad, y es recomendable conocerlo. Los hombres saben perfectamente cómo son sus partes y qué sienten al tocarlas. Hacen bien, es importante para la salud. Las mujeres podemos recurrir a un espejito para ver cómo es y qué tiene dentro nuestra vulva. Conocer es el primer paso para cuidar.

También siempre se ha enseñado que ese pequeño bultito era el clítoris, nuestro misterioso órgano para el placer. Pues te voy a sorprender otra vez, porque no es así. Te han… confundido (dejémoslo ahí). El clítoris no es un puntito, ni un bultito, ni es pequeño.

Los anatomistas saben desde hace dos siglos que ese puntito es solo la parte superficial de un órgano mucho más grande, pero interno. Ocupa toda la vulva y es ramificado. Dos ramitas llegan a las ingles y dos lóbulos, algo más voluminosos, rodean la vagina. De hecho, el famoso «punto G» no es más que el lugar donde el clítoris entra en contacto con la vagina.

No sé si es buena o mala noticia, pero el clítoris es mucho más parecido al pene de lo que nunca imaginamos. Los dos órganos tienen las mismas partes y los mismos tejidos. Los dos entran en erección cuando sentimos excitación sexual ¡Síii! ¿Te sorprende? Pues fíjate la próxima vez, porque, cuando los cuerpos cavernosos del clítoris se llenan de sangre, la vulva se hincha y cambia de color. Toda la zona está mucho más sensible y cada caricia hace que el corazón se acelere, acercándonos al clímax.

Acariciar, lamer, soplar o mimar de cualquier otra forma el glande del clítori,s es la puerta del placer. Junto con los besos, las miradas, las sonrisas y otras caricias tiernas o exigentes, y estimulantes, nos llevan a las mujeres a una excitación máxima porque el clítoris tiene el doble… sí, sí, has leído bien, el DOBLE de terminaciones sensitivas que el pene. Igual que en los hombres la erección del pene es necesaria para llegar al orgasmo, la erección del clítoris lo es en las mujeres. Sin erección no hay orgasmo, no, no, no…

Y el clítoris tiene otro secretito, al hincharse oprime la vagina haciendo la penetración es mucho más placentera. ¿Por qué ha hecho la naturaleza que las mujeres necesitemos que el clítoris sea excitado previamente para disfrutar plenamente de una penetración? Pues yo qué se, puede que necesitemos comprobar que nuestra pareja se preocupe de nuestro placer, de nuestro bienestar.

Mientras que juguetear con el clítoris hasta llegar al orgasmo no tiene mayores consecuencias, el coito sí las tiene. Sin el uso de anticoncepción moderna, cada coito es un riesgo de embarazo. Y de contraer una enfermedad sexual, también. Pero volvamos a las cosas agradables. La naturaleza ha permitido que, mientras que los hombres necesitan cierto tiempo de recuperación tras un orgasmo, las mujeres podamos sentir varios prácticamente seguidos, sin más límite que el agotamiento o la satisfacción. ¿Tú le sacas provecho?

No quiero terminar este artículo sin contarte alguna sorpresita más del clítoris. Cuando una mujer alcanza el orgasmo a través de la máxima excitación del clítoris, la anatomía de su vagina sufre un cambio. Esto tiene dos implicaciones, la primera tiene que ver con la fertilidad, pero no estamos hablando de tener hijos. La segunda es que el pene también es abrazado con pasión por un clítoris henchido que lo presiona para sentir sus caricias. ¿A que esto no lo cuentan en los vídeos porno?

Así que, la próxima vez que tengas sexo, ya sea en solitario o con otras personas ¿Le darás una oportunidad al órgano estrella del placer sexual? Yo te doy algunas pistas en mi último libro Romanticismo y otras coacciones. Puedes empezar por besar sensualmente a su propietaria, acariciando con atención su cuerpo. Si ella te lo permite o te pide que atiendas a su «pequeño» órgano interno, puedes pasar a mimar suavemente su glande (sin olvidar una lubrificación adecuada, natural o externa, es fundamental).

No hay que olvidar seguir prestando suave atención a los pechos, las caderas o el trasero, la monotonía no es buena. Pero, ciertamente, en un momento dado, el clítoris absorberá toda las energías para elevarse hasta un estallido placentero que dejará a su hospedadora sin aliento y con el corazón desbocado. Un orgasmo de verdad no se puede fingir, y el que se deja engañar debe reflexionar por qué. El placer sexual es natural y, por lo que sabemos a través de los estudios científicos, además es saludable. Un derecho humano reconocido por la ONU.

Tras ese primer orgasmo clitoridiano, la biología de una mujer está más que dispuesta y preparada para disfrutar de un segundo orgasmo en el coito. Y, quizás un tercero, y un cuarto, y un quinto… o hasta que su pareja alcance el suyo.

¿Ves todo lo que puede enseñarte la biología sobre el placer? ¿Cuánto de esto se puede aprender del porno? Sí, que vale, que ayuda a ponerse a tono solo o en compañía… Pero con mis libros también te puedes poner a tono, y, encima, ganas conocimientos práctico y en salud. Anímate a aprender más en Romanticismo y otras coacciones conmigo y el señor capitán de los cascos azules, Marc Alsiad, todo un experto en la teoría y la práctica.

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