Publicado por Myriam Catalá
Profesora Titular de Biología Celular,
Universidad Rey Juan Carlos,
Administradora del Blog Ecotoxsan,
Colaboradora del proyecto de promoción de la salud reproductiva y sexual Pozos de Pasión
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Hablo como hombre, y de verdad creo que en España seguimos maquillando la violencia de género como si fuera algo que “ya va mejorando”, y así nos quedamos tranquilos. Pero no, seguimos fallando —yo el primero—. Y muchas veces somos nosotros los que miramos para otro lado, aunque joda reconocerlo.
Me he dado cuenta de que no basta con decir “yo no soy así”. Eso es casi una huida. Hay que revisar chistes, comentarios, esas risas flojas, esos silencios cobardes cuando un colega cruza la línea. Y sí, más de una vez me he callado, he relativizado, he ignorado o incluso ridiculizado el problema… y eso también suma al desastre, por mucho que me fastidie admitirlo.
Las mujeres tienen todo el derecho a pedirnos algo más que un gesto bonito: tienen derecho a exigir que nos mojemos, que paremos al amigo que se pone pesado, que dejemos de justificar comportamientos que sabemos que están mal. Y vale, me toca aplicármelo a mí el primero.
Creo que entre todos tenemos que romper ese molde absurdo de masculinidad que va de duro, de controlar, de no sentir. No es ser “menos hombre”; es ser una persona decente, coño.
Y al final, esto va de pequeñas acciones, de no callarse cuando toca, de dejar de mirar al techo como si no fuera con nosotros. Y aunque a veces no sepamos bien cómo hacerlo —por dejadez, falta de ganas o por la educación machista que arrastramos—, prefiero, desde ya, actuar y no seguir en la comodidad de mirar hacia otro lado.
a.
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Muchas gracias por tu reflexión Aurelio. Así es. Sin hombres como tú, mostrándoles qué es la asertividad, el liderazgo y la dignidad masculina a los jóvenes, jamás alcanzaremos una sociedad justa, equitativa y saludable.
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